En busca de la boya perdida

¡Hola lectores!
Os voy a contar una cosa que me pasó el otro día en el trabajo, que cuanto menos está curiosa.
Llegue tranquilamente, para dar una clase como normalmente hago y me dicen:
– ¿oye tú podrías ir a buscar una boya?, vienes esta noche
a lo que mi respuesta fue con un: 
– ¿cómo, cómo? explicamé más que no entiendo nada.
Tres horas más tarde, después de haber planificado el vuelo corriendo y de haber cancelado la clase, estaba despegando con rumbo a Almeria. 
El trabajo sencillo pero imposible a mi juicio, encontrar una boya que estaba derivando en la costa de Almeria. Superficie a rastrear unas 400 millas nauticas cuadradas. Iba a ser duro. 
Llegamos y nos ponemos al asunto, costa para arriba costa para abajo, no hay nada, paramos a repostar y para ir al baño, no hay tiempo para comer pero si para comprar comida, y en ese momento me dicen:
– Nos vamos a tener que quedar a dormir aquí, voy a coordinar lo del hotel.
Mi cara fue de… pero si yo había quedado, yo no traigo nada de ropa… todo al traste. Respondí:
– Vale.
Despegamos de Almeria, era la búsqueda importante, teníamos cuatro horas antes de que se fuera el sol. Vamos de un punto a otro en linea recta y mirando a los lados, bendito GPS. Mis pensamientos eran, aquí nos caemos y no nos rescata ni el Tato, pobre gente que venga en cayuco, como les pase algo no hay quien los vea en el mar. No encontramos nada, cunde el desanimo: 
– No la vamos a encontrar.
– Animo chicos, hasta el rabo todo es toro.
– Hace un día fantástico para buscarla y no la vemos, eso es que se ha hundido.
Se acerca la hora del ocaso, pero nos falta repasar otro punto, para ver si las luces de la boya la delatan ahora que la luz del sol esta muy tenue, nada de nada. Por lo tanto pasamos a vuelo instrumental y aterrizamos de noche en Almeria.
Lo demás es taxi, hotel, cena, ducha y cama con lo que llevas, no hay maleta.
Al día siguiente caminito para Madrid. De la boya ni rastro.
No encontramos la boya, pero yo no me resisto a encontrarla y por lo menos la he sacado de internet para verla. Grande como para no verla.

Por si leen esto, me gustaría mandar un recuerdo a mis sufridos compañeros de aventuras; Olga, José y Carlos, ¡ya vereis como teneis cena de Navidad!