La Nueva Cancillería, la arquitectura al servicio de la intimidación

No hace mucho estuve viendo un documental sobre un edificio que pese a ser grandioso y realizado en tiempos modernos no sigue en pie por caprichos políticos. Ese edificio era la Nueva Cancillería del Reich, en Berlín.

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El documental estaba basado en la planificación, construcción, uso durante la guerra y básicamente el fin del edificio. Y el denominador común de todas esas fases es la locura.

Al llegar al poder Hitler decidió que la antigua residencia que debía ocupar en virtud de su cargo no tenía la pompa que él deseaba para el Füher de Alemania por lo que era necesaria una nueva nueva residencia que a la vez tuviera funciones de edificio administrativo.

Como era habitual en aquel régimen siempre había profesionales-alagadores que resolvian y “entendian” los problemas que aquella alocada mente tenía en su interior. En este caso la persona que iba a trazar los planos y llevar a cabo la obra sería Albert Speer.

Albert Speer, para quien no se haya leido sus memorias, era un arquitecto -todo apunta que un poco mediocre- que hizo carrera profesional, y política, dentro del partido Nazi. Con el tiempo fue uno de los hombres de confianza de Hitler llegando a ser Ministro de Armamento obteniendo unos resultados de producción muy meritorios.

Sin embargo el mayor mérito de Speer fue dar a Hitler lo que él pedia, mejor dicho lo que su fantasia imaginaba. Si quería algo grande Speer lo diseñaba colosal. Y de esa forma se llego a la Nueva Cancillería del Reich y luego al proyecto de Germania (pero eso es otra historia)

La Nueva Cancillería fue diseñada por Speer bajo la supervisión-colaboración de Hitler, un arquitecto y artista frustrado, y el objetivo principal nunca fue la utilidad del edificio si no la magnificencia de un edificio que estaba pensado para impresionar, apabullar e intimidar al visitante.

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Las obras duraron poco más de un año y se destruyó las edificaciones donde se iba a emplazar, trabajaron más de 4000 obreros durante 24 horas al día y se acabo, según cuentan, dentro del plazo previsto.

Para conseguir que el edificio fuera colosal se ideó una galeria del doble de longitud que la Galería de los Espejos del Palacio de Versalles, Francia era el gran enemigo. Las columnas tenían alturas de 5 y 6 metros que guardaban puertas ciegas. Es más para conseguir hacerse una idea de como sería, durante la etapa de planificación se pusieron a disposición de Speer los medios de la industria cinematográfica alemana para hacer decorados que sirvieran de maqueta a tamaño real.

Una de las estancias más impresionantes, como no podía ser de otro modo era el despacho de Hitler.

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Como se puede ver arriba de la puerta entrada aparecen sus iniciales, la estancia medía más de 400 metros cuadrados y todo estaba hecho a medida, quiero decir a medida escala, la mesa de trabajo medía 3 metros y como curiosidad no hay ninguna foto de Hitler trabajando en su mesa porque él sería insignificante. Había un globo terráqueo hecho a una escala más grande de lo normal para que estuviera adaptado a las dimensiones de la estancia…

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Por su puesto el edificio tenía un bunker, bueno dos, uno inicialmente construido debajo del salón de baile pero que debido a la potencia de las bombas se quedo obsoleto y se tuvo que construir otro en el jardín, que es el bunker donde al final acabó sus días el dictador germano.

Es necesario decir que Hitler apenas utilizó la Nueva Cancillería y paso la mayor parte de la guerra en el cuartel general de Prusia o en Berchtesgaden.

Al finalizar la guerra el edificio se encontraba bastante afectado, sin embargo, y debido a su robustez seguía en pie, sin embargo los sovieticos no quisieron restaurarlo ni conservarlo porque Stalin no quería que se convirtiera en un lugar de peregrinación o de exaltación de la historia Nazi. Es más, Stalin no llegó a morir convencido de que Hitler estuviera realmente muerto, aunque encontraron su cuerpo en el jardín de la cancillería.

Al final decidieron que lo mejor era demoler el edificio, y eso hicieron, sin embargo el bunker del jardín se les resistió y lo cubrieron con tierra. Sin embargo en una de las ampliaciones del infame Muro de de Berlín el bunker estorbaba, por lo que tuvieron, ahora sí, que derribarlo. En su lugar se construyeron bloques de viviendas para entorpecer la vista desde la parte occidental.

Hoy ya no queda gran cosa, de toda aquello, piezas sueltas del bunker y se dice que con parte del marmól de la Nueva Cancillería se construyó la estación de metro de Mohrenstrasse. Yo os dejo las fotos y vosotros lo veis.

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Mohrenstrasse